viernes, 2 de octubre de 2015

Ensayo de Personalidad, Lenguaje y Democracia de la Radio

La Radio: Personalidad, Lenguaje y Democracia


Orson Welles

Desde que tenemos uso de razón, o menos aún, desde que nos encontramos en el vientre materno, somos partícipes de este instrumento tan maravilloso que nos brindó Dios. Hemos hecho uso del oído en un sinnúmero de sonidos tales como los latidos del corazón de nuestra madre o tal vez al escuchar las voces de nuestros padres, o mejor aún, la música que se escucha en las sesiones de estimulación temprana.

No quisiera ahondar en el funcionamiento de este grandioso órgano, pues más que hacer un estudio meticuloso de su estructura anatómica, quiero dar a entender los beneficios que nos trae poseer este sentido.
Ni un solo sentido de nuestro cuerpo es indispensable, hacemos uso de cada uno de ellos y nos es útil en nuestro día a día, no obstante, hay uno en particular que nos da rienda suelta, que nos libera de toda atadura, que nos permite explayar, desarrollar y explotar nuestra creatividad, nuestra imaginación, nos hace volar en un mundo irreal, por ejemplo, en aquellas radios que suelen contar anécdotas como esa que trata, sobre el campesino que quitó las piedras del camino y se encontró con el tesoro que el rey había escondido debajo, los receptores pueden imaginarse una variedad de escenas referente al campesino o al tesoro, cada receptor se hará una propia perspectiva de ver las cosas.
Pero para poder nadar en las cristalinas aguas de nuestra imaginación necesitaremos de un buen radiólogo que a través de la palabra pueda generar en el receptor una sensación de aceptación, de intimidad, de confianza, y para lograr ello se deberá emplear un tono coloquial, afectivo. Para que el emisor genere la empatía que desea con el público, éste necesitará hacer uso de las palabras adecuadas en el momento preciso, no basta con buscar palabras o frases que encanten en público si estas son transmitidas de manera indiferente, pues los receptores automáticos cambiarán de frecuencia.
El lenguaje afectivo es aquel que genera cualquier tipo de reacción en el oyente, puede ser de tristeza al escuchar la noticia de la muerte de tal o cual persona, puede ser de alegría al escuchar a los ingresantes de la UNPRG, puede ser de indignación al escuchar la muerte de los ocho periodistas en Uchuracay, en fin, un sinnúmero de reacciones. Pero la idea es que conmueva al público, si no lo hace podemos decir que la radio no tiene carácter radiofónico, pues si el mensaje no impacta a los radioescuchas la radio no es afectiva y por ende no es efectiva.
Para lograr ese “toque” de confianza entre el emisor y receptor la emoción que debe primar en aquel será la alegría, pues de esa manera se ganará la aceptación de los radioescuchas. Alegrarle la vida a la gente tal vez sea esa la primera misión de una radio. Tal vez se ha mal acostumbrado a las personas, les han quitado la libertad de reír, no pueden reír en la escuela, ni en las reuniones, ni en las asambleas, y en la iglesia que ni qué. Se tiene que romper con este paradigma, los emisores de las radios deben aprender a reír ante un micrófono, con espontaneidad, con frescura, ¡Olvidémonos de aquel protocolo!
Los receptores no prenden la radio para escuchar a un radiólogo apático, a un radiólogo que esté sentado en la cabina, aburriéndonos con sus problemas cotidianos. Lo que la sociedad busca en las radios es desestresarse, es olvidarse de su mundo lleno de problemas, un mundo en donde los estudiantes se liberan de tantos trabajos, un mundo en donde las amas de casa se olviden de la pensión de la cocina; o mejor aún, un mundo en donde los conflictos sociales sean vistos desde otra perspectiva, por ejemplo, supongamos que estamos viviendo en una sociedad donde abunda el terrorismo y lo único que hacen las autoridades es minimizar este problema e incentivar a la población a que permanezcan callados y sean los habituales ciudadanos que se esconden tras las puertas de sus casas, tal vez lo que busque el radioescucha es que un emisor vea desde otro punto de vista el problema, quizá en donde se incentive a levantar su voz de protesta, donde se induzca a salir de las casas y poner un “hasta aquí” al miedo que los tiene tan estancados.
La radio es un medio muy especial porque estira la imaginación, ésta se desarrolla gracias al ojo interior, que no es nada más que el oído. Lo que el oído sabe (escucha) inmediatamente se lo cuenta a la imaginación. Además de hacer posible el desarrollo de la imaginación o creatividad, la radio hace despertar nuevas ideas, estimula la criticidad, nos ayuda a crear nuestros propios juicios y a sacudir prejuicios, pero sobre todo la radio seduce, la característica más inherente de la radio es su capacidad de seducción, pues de ella va a depender tener la acogida esperada por los radioescuchas. Atraer al público con cualquier artimaña es válida: informar de una noticia con trascendencia única, presentar un sketch cómico, transmitir la música que está de moda, etc. Cualquier técnica es correcta y precisa si lo que se busca es llamar la atención del oyente.
El lenguaje de la radio, está básicamente relacionado con la comunicación, pues es ésta la que a través de un medio se encaminará de emisor a receptor o viceversa. Esto se oye muy fácil (simplemente comunicar algo a alguien y ¡Ya!), pues no, durante este proceso surgen algunos problemas como lo son el ruido, que es todo aquello que interrumpe o altera la correcta comprensión del mensaje. Imaginemos que una radio comunitaria transmite los horarios de una proyección social y que por problemas técnicos el mensaje se distorsionó y cada quien llegó a la hora que quieran a la proyección. Automáticamente la radio perderá credibilidad y con esto se podrán desatar más problemas. Por tal razón el ruido se convierte en el enemigo número uno de la radio, éste puede darse por muchas variables como por ejemplo, factores que intervienen en la pronunciación del locutor, otro sería la  calidad del micrófono con el que contamos, que muchas veces capta la bulla del entorno, tenemos además los ruidos de carácter técnico que muchas veces dependen de ellos la distorsión del mensaje, entre otros. Por todos lados encontramos trabas para que no se de una comunicación eficaz, una comunicación limpia, para que se evite la distorsión de la información emitida de radiólogo a radioescuchas. Un factor que podremos incluir también dentro del ruido es el empleo de nuevos términos que el otro no entiende, y esto es aún peor porque hacen sentir mal al público, juegan con sus emociones, los humillan.
La comunicación es mucho más que una simple transmisión de mensajes, no sólo es tratar de lidiar con todos los factores que involucran al ruido, sino que se debe trabajar la esencia del mensaje, qué es lo que quiere dar a entender el radiólogo al público y qué reacción quiere que se genere, además es importante la condición en que es transmitido el mensaje, porque no es lo mismo escuchar música romántica cuando alguien sufrió una decepción amorosa, o escuchar la trasmisión de una noticia desastrosa en una fiesta. Pero para que se desarrolle la comunicación eficazmente se requiere de un mensaje que despierte al receptor, el mensaje tiene que gustar al receptor, tiene que “impactar”; y cualquier mensaje puede “pegar”, sólo va a depender del nivel de confianza que existe entre ambos canales (emisor-receptor), para ganarse esto el locutor debe apropiarse del lenguaje, el humor y la manera de ser del público. De esa manera se captará el interés del oyente y se mantendrá ese lazo de confianza y así ganar la aceptación y asimilación de la frecuencia.
Pero… ¿Cómo se da la voz de la radio? No sólo basta con transmitir un buen mensaje y atraer la aceptación del público, imaginemos que se habla de cómo educar a los niños pequeños, el radiólogo puede tener las buenas intenciones de ayudar a la sociedad, y hasta cierto tiempo el público se muestra muy atento, pero por mucho que el mensaje sea bueno, llame la atención del público y se logre la empatía deseada, de nada servirá si al fin y al cabo logra aburrir al público pues no hay sonidos de la naturaleza o aquella voz que sale del corazón, aquella que va a tus sentimientos, aquella que se expresa a través de la música.
Ya hablamos anteriormente de la seducción y cómo ésta es un gran influyente para la atracción del público, la seducción de la radio no se logrará sin explotar antes todas sus posibilidades sonoras, sin una original combinación de las tres voces mencionadas. Las personas encienden la radio para transportarse a su vida, pero aquella forma de vida ideal, aquella que siempre han anhelado tener, pues la buena radio refleja la vida. Y en la vida, en lo que nos rodea, se oyen ruidos y cantos y palabras. La radio hace uso de este gran órgano al que llamamos oídos, el cual abre paso a la imaginación y con ella la capacidad de proyectarnos a cualquier lugar, o acaso cuando hemos escuchado a través de la radio un cantar de pajaritos ¿No nos hemos imaginado a la primavera? Sin embargo, entre las tres voces del lenguaje radiofónico, es la palabra la que más se dirige a la razón del oyente, la generadora de ideas, la palabra manda, la palabra humana es la principal portadora del mensaje y su sentido. No obstante, hay quienes proponen al silencio como la cuarta voz radiofónica.
¿Cómo debe ser el lenguaje expresado ante el público? Las palabras emitidas por radio deberán ser sencillas, pues a los radioescuchas les será más fácil asimilar el mensaje sin el empleo de palabras técnicas, en los medios de comunicación masiva el lenguaje sencillo resulta ser el más adecuado para la sintonización. Veamos por ejemplo, en la frecuencia “X” se emite: “El burgués representa el perfecto animal humano domesticado. Los vecinos que uno nunca ve de cerca son los vecinos ideales y perfectos” 
, es un mensaje muy profundo sin embargo no será entendido por todo el público receptor porque hay un alto uso de palabras rebuscadas. Existen tres tipos de lenguaje que se pueden emplear, entre ellos tenemos al activo los cuales poseen un alto grado de aceptación por la audiencia debido a que son aquellas palabras usadas en la vida diaria, al pasivo que son las palabras poco frecuentes pero entendibles, y tenemos al lenguaje dominante en el cual las palabras ni se usan ni se entienden.
El lenguaje ideal para ser usado en la radio sería el activo, aquel que se habla en los pasillos de la universidad, en el autobús, en el mercado. Aunque usar el pasivo también es válido
Para enriquecer aún más el lenguaje usado por los radiólogos se debe evitar los párrafos extensos pues generará en la audiencia un estado de aburrimiento; si lo que buscamos es tener esa conexión peculiar con el público joven, los radiólogos optaron por adoptar algunas jergas juveniles como lo son los términos: broder, bacán, chévere, ¿Ok, baby? Otra variable importante en la radio es el aprender a hablar bonito: con palabras concretas, que no le den tantas vueltas a los oyentes y les digan las cosas de una manera concisa; con expresiones regionales, al emplear palabras propias de una comunidad, el habla real de la gente, más podrán éstas apropiarse de la radio, sentirla suya… Pero ¿Y qué hay con las malas palabras? Éstas se crean para la diferenciación de las clases sociales. ¡Sí, es absurdo!, absurdo como todo lo que inventan estas clases para sentirse superiores, pero en realidad, las malas palabras no constituyen un problema moral, ni siquiera de buenas o malos modales pues en el fondo son las clases sociales quienes inventan esto. En la radio, con prudencia y humor, algún día, se levantará la censura de la lengua que los de arriba impusieron al resto de los mortales, para sentirse superiores y más puros.
Por otro lado, y alejándonos un poco de la parte “técnica” de la radio, nos enfocaremos en el rol que cumple y en la importancia que la palabra posee al ser transmitida en una radio comunitaria. Antes de cualquier mensaje que se pueda difundir está el valor que poseen las palabras, y no necesariamente aquellas que emplea el emisor, sino aquellas que democratizan la radio, aquellas palabra dadas por la comunidad como síntoma de liberación, de esa necesidad de ser escuchados. Y ¿Para qué dejar que hable la sociedad en una radio? Más allá de la controversia de si el ciudadano deberá o no hablar a través de la radio, ésta debe estar identificada con una responsabilidad social, pues las emisoras no sólo deben de perseguir un lucro, sino ayudar a la sociedad, debe amplificar la voz de la ciudadanía para que de esa manera la radio gane una aceptación de la audiencia.
En las radios comunitarias (específicamente en las locales), los ciudadanos son unidos, y esto se debe a que la radio crea esa forma única de interacción. Los ciudadanos se ven reflejados, miran sus problemas e imaginan soluciones, hablan entre sí, suenan sus músicas preferidas, cruzan opiniones y se organizan para mejorar la calidad de vida, y todo esto es posible únicamente porque el radiólogo ya llegó a ese nivel de confianza con los radioescuchas. Las radios comunitarias se crearon con el fin de mejorar el mundo en que vivimos, de poder resolver aquellos problemas que “otros” les prometieron y no cumplen.
Como ya mencionamos anteriormente, la radio comunitaria no está dado por fines de lucrativos, sino por una vocación social, para contribuir con el desarrollo de la gente, para ampliar la democracia, para defender los derechos humanos y para proteger la diversidad cultural (relacionado con el derecho de pensar con cabeza propia).
¡La sociedad tiene derecho a ser escuchados, démosle los recursos para que se expresen con libertad!

1 comentario:

  1. Cinthya,
    Buenos son los argumentos, pero aun puedes mejorar tus enfoques propios. Un escrito académico sin propuesta propia no cuenta.
    Tus materiales de asistencia no han sido bien seleccionados dentro de tu lógica, menos aun la ilustración del sistema auditivo.

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